Los objetivos no son tareas.

Durante mucho tiempo yo mismo he llegado a identificar tareas con objetivos, por supuesto me equivocaba. Como siempre, con un sencillo ejemplo lo vamos a entender rápidamente.

Un viernes por la tarde estamos tranquilamente sentados delante de nuestro PC. Hemos acabado la semana cansados, hemos trabajado como burros y sin embargo tenemos un sabor agridulce en la boca.

Nos hemos quitado algunas losas de encima pero notamos el peso de otras que tendremos que levantar la semana próxima. Suspiramos y nos concentramos en elaborar una lista de "tareas" que nos ayuden a "organizarnos" el trabajo de la semana entrante...después de un fin de semana reparador esperamos volver con más fuerzas. Ahora respiramos satisfechos. Lo tenemos todo controlado.

Pues no. Las tareas, el trabajo, nos tendrán "controlados" a nosotros.

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¿Qué hemos hecho en realidad?. Sólo hemos conseguido aparcar los fuegos que no conseguimos extinguir esta semana. Hemos llenado nuestra agenda de entradas de este tipo:
  • Lunes
reunión dirección
reunión grupo B
llamada proveedor X
comprobar suministro producto para elaborar pedido Z
informe de gestión de ventas trimestre
  • Martes
si no he terminado informe, continuar
comprobar informe ventas semana anterior
preparar guión reunión ventas martes
visita cliente R
  • Miércoles
...........

Y así podría seguir y seguir en un bucle interminable. Nuestros "objetivos" se han reducido a terminar una lista de tareas.....que nunca acaba.

Tratamos de construir la casa poniendo las ventanas, comprando la chimenea, reservando los electrodomésticos, reuniéndonos con el jardinero, encargando las alfombras....¿todo eso será nuestra casa?, sí pero, ¿dónde lo vamos a poner?, ¿tenemos hecho el diseño de la misma?, ¿tenemos un plano definido?.

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No sería mejor pensar muy bien qué objetivo perseguimos en cada momento. Volviendo al ejemplo del viernes por la tarde. En vez de pensar en las tareas, dediquemos un tiempo a pensar en los fines que perseguimos. ¿Queremos vender más?, ¿queremos captar más clientes?....¿queremos reducir el stock de producto?, ¿queremos rebajar nuestros costes financieros?....Estos son nuestros objetivos.

Ahora desgranemos cada objetivo "general" en objetivos más sencillos. Nos queremos comer un gran filete de carne....no podemos de un bocado, lo partimos, lo troceamos y nos lo comemos (objetivo final).

Por ejemplo, nuestro objetivo final puede ser "vender más". Lo puedo descomponer en: revisar lista de clientes potenciales, ver que clientes no compran hace algún tiempo, ver si puedo modificar mis precios, elaborar un nuevo catálogo, hacer un mailing, preparar una oferta, gestionar mejor el tiempo de los vendedores, revisar presupuestos pendientes....etc. 

Ahora cada objetivo sencillo requiere unas sencillas acciones...ahora puedo fijar unas tareas concretas que son las que iré anotando en mi agenda, sin olvidar nunca el fin perseguido.

Si nos fijamos, habremos dado la vuelta a la tortilla. Ahora son nuestros objetivos quienes dirigen nuestras tareas.

Por supuesto, no podemos desembarazarnos de golpe de las tareas rutinarias o de las imprevistas, para eso también debemos reservar parte de nuestro tiempo, sin embargo, con el tiempo, veremos como va disminuyendo su urgencia y, quizás, algunas de esas tareas se puedan delegar, incluso más de las que pensamos. Pero esto será tema para otra entrada.


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